martes, 1 de diciembre de 2015

Luz

No sabía de donde había salido, solo que con mirarlo se veía reflejada en un espejo. Era extraño, pero allí estaba. Podía ser ella por primera vez en mucho tiempo y eso la aliviaba, básicamente porque se había encerrado en una pequeña y oscura habitación y él era como un potente faro surgido del techo, que de repente le hacía ver que su alrededor no era tan horrible como pensaba.

Reían por las mismas cosas, opinaban igual sobre diferentes temas donde ella se creía loca o cruel por sus pensamientos. Le enseñaba cosas, parecía una niña de preescolar prestando atención a su profesor. Se sentía segura a su lado.

Y sin embargo no sabía si aquello era amor, porque definitivamente se veía como una sólida amistad. Pero buscaba su mirada cuando nadie más era consciente, cuando nadie más se fijaba en ellos, sus ojos se movían solos y a veces se encontraba con los de él. En esos momento podía sentir fuegos artificiales y estaba segura de que se reflejaban en sus ojos. En el fondo ansiaba que él los viese, ansiaba que se diese cuenta de las llamas que escondían aquellas pupilas.
Se sentía algo pequeña a su lado, siempre pensando en impresionarle, en llamar su atención, pero no era capaz de conseguirlo, de ninguna de las maneras. En el fondo sabía que nunca se fijaría en ella de aquella manera y aun así, se conformaba con que Morfeo la llevara en brazos a su lado y así poder compartir un paseo de su mano, seguir aprendiendo de él, maravillarse con sus palabras.

El mundo era perfecto, pero solo cuando estaba cerca.