No sabía de donde había salido, solo que con mirarlo se veía
reflejada en un espejo. Era extraño, pero allí estaba. Podía ser ella por
primera vez en mucho tiempo y eso la aliviaba, básicamente porque se había
encerrado en una pequeña y oscura habitación y él era como un potente faro
surgido del techo, que de repente le hacía ver que su alrededor no era tan
horrible como pensaba.

Y sin embargo no sabía si aquello era amor, porque
definitivamente se veía como una sólida amistad. Pero buscaba su mirada cuando
nadie más era consciente, cuando nadie más se fijaba en ellos, sus ojos se
movían solos y a veces se encontraba con los de él. En esos momento podía
sentir fuegos artificiales y estaba segura de que se reflejaban en sus ojos. En el fondo ansiaba que él los viese, ansiaba que se diese cuenta de las llamas
que escondían aquellas pupilas.
Se sentía algo pequeña a su lado, siempre pensando en
impresionarle, en llamar su atención, pero no era capaz de conseguirlo, de
ninguna de las maneras. En el fondo sabía que nunca se fijaría en ella de
aquella manera y aun así, se conformaba con que Morfeo la llevara en brazos a
su lado y así poder compartir un paseo de su mano, seguir aprendiendo de él,
maravillarse con sus palabras.
El mundo era perfecto, pero solo cuando estaba cerca.